Una mayoría de votantes, siete de cada diez, considera que la economía va por mal camino. Hoy en día, el 34% de los estadounidenses afirma tener mucha o mucha confianza en que Trump posee las habilidades de liderazgo necesarias para ser presidente. Lo llamativo, en este caso, es que lo logró en un distrito en el que Trump se había impuesto en 2024 por 17 puntos porcentuales. Cuanto más desesperado esté, más temerario se volverá.
Encuestas La popularidad del presidente norteamericano Donald Trump y su gestión de gobierno, en su segundo mandato, señala una marcada tendencia a la baja. Pero, por primera vez en este segundo mandato del magnate, los republicanos consideran posible perder también la Cámara alta, el Senado, donde ahora disfrutan de una mayoría de 53 a 47. Controlar el Congreso permitiría a los demócratas neutralizar casi por completo la agenda de Trump.
La oposición de derecha agita y sobredimensiona el crimen organizado, los conflictos sociales y todo género de conducta destructiva para cuestionar al gobierno de la Cuarta Transformación. La presidencia de Trump y sus funcionarios utilizan el temor para socavar los avances del proyecto mexicano, recurriendo al miedo como instrumento de dominación colectiva o condicionamiento social.
Hay dos encuestadoras (PEW y AP-NORC) que, a finales del mes de enero 2026, señalaron que la administración Trump atraviesa una crisis de respaldo ciudadano. En general, su aprobación es de un 37%, el punto más bajo de su actual presidencia, reflejado en los siguientes sectores:
- Hispanos y afroamericanos.
Y el Gobierno federal no debería permitirlo. Al menos 11 de los 50, todos de gobierno republicano, los han entregado. Las encuestas muestran que un 61% de los estadounidenses cree que sus políticas arancelarias han empeorado el costo de vida, lo que ha alienado a los votantes independientes. Específicamente, con relación a una aprobación del 37%, Trump entra en una “zona de peligro” donde los legisladores de su propio partido (republicanos, especialmente los moderados) empiezan a distanciarse para proteger sus propios asientos en el Congreso.
Sobre todo, abriría la puerta a lo que el republicano más teme: un juicio político (impeachment) que podría acabar en su destitución. A lo largo del primer año de su segundo mandato, Trump ha presionado a los legisladores en Estados bajo el control republicano para que aprueben cambios en los mapas electorales que favorezcan a su partido. Pido a todos los republicanos que peleen por el Save America Act”, escribía.
Habla de “nacionalizar las elecciones” La organización de los comicios corresponde a los Estados, según estipula la Constitución, pero Trump afirma que “Los republicanos deberían decir: ‘Queremos hacernos cargo” en al menos 15 sitios. “No vamos a quedarnos sentados mientras nos vuelven a robar las elecciones”. Además, el Departamento de Justicia presiona desde el año pasado a los Estados para obtener sus registros electorales y ha presentado demandas contra aproximadamente la mitad de ellos para obtenerlos. Los republicanos tendrían que “nacionalizar el voto”, sostuvo.
De continuar esa tendencia sin alteraciones, el Partido Republicano puede ser perdedor el 3 de noviembre. También apoya un proyecto de ley, conocido como Save Act, que prohibiría el voto por correo salvo casos excepcionales y obligaría a demostrar la nacionalidad estadounidense en el momento de votar, pese a que ya es ilegal que un extranjero vote, y que pueda ocurrir es sumamente improbable. A medida que las encuestas han ido elevando el nivel de alerta entre los republicanos, Trump también ha subido el tono con amenazas de fraude de parte de los Demócratas y la necesidad de tomar medidas.
“Los aceptaré si las elecciones son honestas”, aseguró Trump, que suele expresar sus dudas de que los triunfos electorales demócratas no hayan tenido trampas. Se está generando una creciente oleada de rechazo a esa distorsión de la diplomacia que se ha convertido en recurrir a la fuerza para justificar el expansionismo y la intervención. Aunque el gobierno de Trump es un imperio en declive, al mismo tiempo es una amenaza dispuesta a defenderse violentamente para impedir su decadencia.
En el desayuno nacional de oración organizado por legisladores de ambos partidos, se preguntó “¿cómo puede un cristiano votar por los demócratas?”. Sus declaraciones se han visto reforzadas por las de Steve Bannon, exasesor y ahora influyente ideólogo de la derecha más conservadora que asegura que los inmigrantes irregulares acuden en hordas a las urnas en Estados Unidos. Un grupo bipartidista en el Senado (demócratas y republicanos), está intentando legislar para quitarle al presidente el poder de imponer aranceles unilaterales, argumentando que su “guerra comercial” está disparando el costo de vida en Estados Unidos.
Mientras el entorno de Trump busca recortes de 1,5 billones de dólares, los senadores republicanos moderados se plantan en apenas 4.000 millones, temiendo que un recorte tan agresivo les cueste sus escaños en las elecciones de noviembre de 2026. En general, aproximadamente siete de cada diez adultos (71%) afirman estar muy preocupados por el costo de la atención médica, mientras que el 66% opina lo mismo sobre el precio de los alimentos y los bienes de consumo.
En ese encuentro estarán presentes también representantes del Departamento de Justicia y de Seguridad Nacional, del servicio de correos y de la comisión electoral. Mientras tanto, los demócratas continúan cosechando resultados alentadores. Ya se da por probable que la oposición demócrata pase a controlar la Cámara baja del Congreso, la Cámara de Representantes, donde la ventaja republicana es de sólo cuatro escaños de un total de 435.
En esa operación insólita, en uno de los lugares donde Trump siempre ha sostenido sin pruebas que hubo fraude, estuvo presente la directora nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard, que asegura que acudió por orden del propio presidente. “Creo que tenemos un presidente que no puede superar el hecho de que perdió en 2020 y ahora va a intentar hacer todo lo que pueda para asegurarse de que no recibe otra paliza en 2026”, declaró esta semana a la prensa el senador demócrata Mark Warner.
En otro paso insólito, esta semana, el FBI ha enviado una invitación a altos cargos electorales de los distintos Estados a una reunión para abordar los “preparativos” de las elecciones de medio mandato. En la diplomacia de Trump no existen aliados o adversarios, para el trumpismo, sólo existen los que se someten y los que hay que someter. Como hay abundante evidencia, el presidente Trump ha integrado los aranceles comerciales a la diplomacia coercitiva.
De igual manera, aproximadamente la mitad afirma no tener mucha confianza, o ninguna, en que Trump tenga la aptitud mental (52%) o física (50%) para desempeñar el cargo. Aproximadamente, tres de cada diez expresan confianza en esos indicadores. Si Trump no logra estabilizar la economía y aclarar el uso de fondos en el extranjero, las elecciones de medio término de 2026 podrían dejar al mandatario estadounidense muy debilitado a casi tres años de mandato pendientes.
Amenazas de “nacionalizar” las elecciones Una serie de declaraciones de Trump, y de actos de su Gobierno hace pensar a los analistas y políticos que el presidente pretenda interferir en las elecciones de medio mandato del próximo noviembre. Más recientemente, el presidente Trump volvió a manifestar su ambición de adquirir Groenlandia por cualquier medio, ratificando que la coerción sin invasión armada sigue erosionando el Derecho Internacional.
La retórica estadounidense de “relacionarse con otros países desde una posición de fuerza” o de buscar la “paz mediante la fuerza” consiste, en esencia, en intimidar a los más débiles mediante el poder militar. Los utiliza no sólo como herramientas de protección económica, sino también como arma de guerra siendo Cuba y Gaza unos de los casos más evidentes. El secuestro del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no constituye únicamente un acto de diplomacia coercitiva, sino también una invasión militar contra una nación soberana.
A su vez, se ha destapado que grandes sumas de esos fondos terminaron favoreciendo a empresas cuyos directivos fueron donantes clave de la campaña de Trump en 2024 (véase el caso de la comercializadora Vitol).3. Acusa de que “las elecciones de Estados Unidos están amañadas, robadas y son el hazmerreír del mundo. El hecho de que incluso en el segmento de mayores de 65 años de edad (su base más fiel) sólo tenga un margen moderado, es una señal de alarma para los republicanos de cara a las elecciones de medio término de 2026.
- Costo de Vida.
Tendría que intervenir”. En una entrevista concedida a la cadena NBC, el mandatario —como hizo en 2020— apuntó que, si los resultados electorales le son desfavorables, podría no reconocerlos. En la práctica, los narcoterroristas son ellos, aunque nos acusen a nosotros de serlo. Su estrategia es generar un régimen de ansiedad en la sociedad, obviando que la inseguridad proviene en gran medida de la demanda de drogas de los estadounidenses y que las armas de alto poder que utiliza el crimen organizado provienen de las fábricas de Estados Unidos.
A falta de proyecto propio, la ultraderecha nacional alimenta el discurso de miedo para atraer a sectores sociales afectados por la crisis y se convierten en voceros de Trump y su propuesta colonialista. La oposición de derecha mexicana prefiere subordinarse al proyecto trumpista que aceptar la propuesta de la cuarta transformación. También el martes, Bannon amenazó con el despliegue del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (el temido ICE) en los colegios electorales.
Por primera vez, incluso dentro del Partido Republicano, la confianza en su “ética de trabajo” ha caído del 55% al 42%. Ante esos números, la estrategia del presidente parece ser la de “atrincherarse” en su base MAGA “Make America Great Again”, que aboga por el nacionalismo estadounidense, políticas proteccionistas “America First” y un retorno a valores tradicionales. No se trata sólo de números bajos en las encuestas, sino de una parálisis legislativa y un escándalo de corrupción que toca directamente la fibra del “América Primero”.
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En otras palabras, hacer fraude. Las encuestas apuntan a un descenso en su popularidad, arrastrado por dos de los temas de su campaña. Las cifras de desaprobación (especialmente ese 71.8% entre afroamericanos y 45.8% entre hispanos) sugieren que políticas radicales de este primer año, como las deportaciones masivas y las redadas del ICE, han revertido esos avances.
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La inmigración y la economía. Se trata de una diplomacia basada en la fuerza. Hace una semana, su representante, Taylor Rehmet, se impuso en unos comicios especiales para cubrir una vacante en el Senado estatal en Texas, con una ventaja de 13 puntos sobre su rival republicana. En Minnesota, las autoridades locales han denunciado que el Gobierno federal les reclamó la entrega de esos listados a cambio de la retirada de los agentes del ICE, cuya presencia ha generado protestas masivas.
Mientras Trump sigue insistiendo en que ganó las elecciones de 2020, el Departamento de Justicia se ha incautado de los votos en el condado de Fulton, en Georgia, para abrir una investigación sobre los resultados de entonces. Un porcentaje mayor (51%) no tiene mucha o ninguna confianza. Otro 14% tiene algo de confianza. La sumisión de clases por encima de la soberanía. Una diplomacia coercitiva ¿Qué es la diplomacia coercitiva? El furibundo Donald Trump. “Por supuesto que vamos a tener al ICE en torno a las urnas cuando llegue noviembre”, afirmó Bannon en su podcast War Room. La diplomacia coercitiva se presenta bajo la apariencia de prácticas diplomáticas convencionales, pero se apoya en el poder militar o económico para obligar a otro país a someterse.
Comportándose como la única superpotencia del mundo, Estados Unidos practica con frecuencia la diplomacia coercitiva contra cualquier país y en cualquier momento, sin importar si se trata de países que mantienen relaciones estrechas con Estados Unidos. O los arreglamos, o nos quedaremos sin país. Casi la misma proporción (62%) afirma estar muy preocupada por el costo de la vivienda. La desaprobación del 32% entre mujeres y casi 40% entre jóvenes (18-29 años) indica una desconexión total con las nuevas generaciones. El principal motor de este desplome no es sólo ideológico.