Política Eventos Del país 2026-03-25T13:22:56+00:00

La política de Trump: ¿genio o imbecilidad?

Análisis de las reacciones internacionales a la política de Donald Trump. Sus decisiones, desde operaciones militares en Oriente Medio hasta relaciones con Cuba, generan tanto admiración como horror. ¿Podrá cumplir sus promesas o su mandato terminará en un fracaso histórico?


La política de Trump: ¿genio o imbecilidad?

El enojo internacional crecería aún más, dejando manifiesto que Trump se acerca más a la imbecilidad que a la genialidad. Cada día que pasa, el trumpismo evidencia que lo que menos le ha interesado ha sido democratizar las sociedades que ataca o amenaza; en cambio, sus mensajes, muchos de ellos delirantes, demuestran que su único objetivo es conquistar recursos naturales, tierras y costas para emprender negocios que ni siquiera benefician al pueblo estadounidense, sino a favor de intereses personales, familiares y de amistades. Sin embargo, si logra pacificar el mundo, como ha prometido, y resuelve la situación en Oriente Medio sin derramar más sangre a corto plazo, y si se abren las rutas comerciales marítimas y reina la calma en la región, entonces podrá atribuirse el mérito de las elecciones, no solo ratificando su triunfo, sino ampliarlo. Pero francamente, ese escenario se ve muy difícil. Lo más absurdo es que se autoproclama presidente de la paz. Pero Donald Trump podría tener el tiempo contado; le quedan solo 222 días para convencer a sus ciudadanos de que sus diversas ocurrencias cobran sentido si quiere ganar las elecciones intermedias, que le permitirían gobernar otros dos años cómodamente, aunque el pesadille continúe para medio mundo. Pero si sus aventuras se quedan en el ámbito del imaginario y no ofrece resultados en favor de la seguridad y los bolsillos de los estadounidenses, acosados por un mundo en su contra, entonces no solo perderá las elecciones del próximo 3 de noviembre, sino que podría sufrir una derrota histórica que lo lleve a un posible impeachment, el procedimiento legal mediante el cual el Poder Legislativo puede investigar, acusar y, en su caso, destituirlo. Donald Trump es un genio o un merluzo, y sus decisiones han puesto al mundo entero en un estado complejo que va de la incertidumbre al terror, de la súplica a la alabanza. El ejemplo más claro de ese impacto fueron las reacciones y la gesticulación de la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, durante su primera visita oficial a Estados Unidos, al recibir a la prensa en la Casa Blanca junto a Trump. La docilidad de Sanaé contrastaba con la tosquedad de Trump durante las preguntas y respuestas. El problema se agrava cuando Trump busca justificar sus ataques militares en distintas ciudades del mundo, como si fuera un videojuego de guerra: por un lado, captura (para muchos un secuestro) al «narcopresidente» Nicolás Maduro, pero en sus «quirúrgicas» acciones militares, mata a decenas de hombres, varios cubanos de su círculo de seguridad. Por otro, aniquila cúpulas políticas en Oriente Medio en nombre de combatir el desarrollo de armas nucleares, o auspicia gobiernos que exterminan pueblos como en la Franja de Gaza. Pero si impone un nuevo gobierno, su desgaste será mayor, pues no podrá convencer a una sociedad musulmana de que su intervención fue para liberarlos de regímenes opresores, ya que deja claro que su principio es expropiar recursos en su beneficio; esto abrirá la puerta a nuevas y más peligrosas células terroristas que generen violencia en Occidente. Por otro lado, la intervención en Cuba es otro crucigrama sin resolver. Aunque en Washington desean un cambio de régimen, parecen no haber decidido la ruta: ¿imitar lo de Venezuela (capturar al líder y negociar con el gobierno), lo de Irán (eliminar militarmente la cúpula) o negociar un nuevo sistema económico con el régimen castrista? El problema para EE. UU. es que no hay pretextos claros para atacar a la cúpula cubana, ya que a Maduro se le acusa de narcotráfico y a Jamenei de armas nucleares, pero contra Díaz-Canel o Raúl Castro no pesan delitos que justifiquen detenciones o asesinatos. Sería un juicio político. ¿Qué hará para revertir un desastre creado en nombre de la estabilidad global, pero cuyos únicos resultados visibles son el aumento de la gasolina, la inflación, la inestabilidad económica y, sobre todo, cientos de muertes sin sentido? Por eso las paradojas se aglutinan en las decisiones de Trump, que difícilmente negociará con el renovado régimen iraní a pesar de la muerte de su liderazgo. Las muecas de la nipona evidenciaban sorpresa y escozor por los pronunciamientos del anfitrión. Ojalá, entre discurso y discurso, todo cambiara.

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