La tensión entre Estados Unidos e Irán alrededor del Estrecho de Ormuz demuestra que, en un mundo interdependiente, controlar un corredor marítimo crítico puede tener más impacto global que ganar una batalla convencional. Más que una guerra abierta entre potencias, lo que estamos observamos en esta región del mundo es una competencia estratégica donde el tiempo, la geografía y la incertidumbre económica empiezan a convertirse en instrumentos de poder. El Estrecho de Ormuz, ubicado en el Golfo Pérsico, es uno de los principales puntos de estrangulamiento marítimo del planeta. El aumento sostenido de los precios de la energía, la presión de los mercados financieros y el debate interno sobre los objetivos estratégicos termina erosionando el consenso político necesario para sostener una política exterior firme. La lección estratégica que está dejando esta crisis es que, en el siglo XXI, el poder no se ejerce únicamente mediante la ocupación territorial o la superioridad militar clásica. En un mundo globalizado, la capacidad de influir sobre los nodos críticos del comercio internacional puede resultar igualmente decisiva. Su importancia geopolítica no radica únicamente en su ubicación, sino también en su vulnerabilidad: cualquier interrupción, incluso breve, tiene repercusiones inmediatas en los mercados energéticos y en la estabilidad del comercio internacional. En una economía global profundamente interconectada, la percepción de riesgo puede resultar tan poderosa como el daño material. En la estrategia de guerra prolongada desarrollada por Mao Zedong, un adversario más débil puede compensar su inferioridad militar si logra transformar el conflicto en una competencia de resistencia. La vulnerabilidad de estos nodos convierte cualquier crisis regional en un problema económico global. Para una potencia global como los Estados Unidos, las crisis prolongadas suelen resultar políticamente costosas. Los puntos de estrangulamiento marítimo y “cuellos de botella energético global” se han convertido en espacios donde la geografía, la economía y la estrategia confluyen en forma determinante. Para América Latina, esta realidad no es un asunto distante. Por el Canal de Panamá transita el 6% del comercio mundial. Y esa es quizá la lección más importante para las grandes potencias: en un mundo interdependiente, a veces el poder no reside en dominar los océanos, sino en controlar los lugares donde el océano se estrecha. El tiempo, en este caso, se convierte en un arma estratégica. La historia reciente de la política exterior estadounidense demuestra cómo el factor temporal puede alterar el resultado de conflictos aparentemente asimétricos. Algo similar ocurrió décadas después en la Guerra de Afganistán, donde el desgaste acumulado durante años terminó condicionando la decisión de retirada. Cuando un punto crítico del sistema se tensiona, el impacto se propaga rápidamente a otros nodos logísticos, afectando cadenas de suministro, precios del transporte y estabilidad económica global. Lugares como el Estrecho de Ormuz, el Estrecho de Bab el‑Mandeb, el Canal de Suez o el Canal de Panamá concentran una proporción considerable del comercio mundial en corredores relativamente estrechos. El disputado estrecho de Ormuz. José de la Rosa Castillo, profesor universitario de Relaciones Internacionales y analista de política internacional y la Industria Marítima. Las tensiones provocadas por el conflicto entre Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán pareciera continuar escalando con el cierre del estrecho de Ormuz, que amenaza con provocar una crisis energética global al bloquear el tránsito de cerca del 20-25% del petróleo y gas licuado mundial. En lugar de buscar una victoria decisiva en el campo de batalla, el objetivo consiste en prolongar la tensión hasta generar desgaste político, económico y psicológico en el adversario. En ambos casos, la dimensión política del tiempo terminó siendo tan decisiva como la dimensión militar. En el Golfo Pérsico, la dinámica estratégica puede responder a un patrón parecido. Infraestructuras estratégicas como el Canal de Panamá forman parte de la misma red de corredores marítimos que sostiene el comercio mundial. Durante la Guerra de Vietnam, una superioridad militar abrumadora no fue suficiente para evitar que el conflicto terminara convirtiéndose en una crisis política interna. Un incidente aislado, una amenaza creíble o una interrupción sostenida por algún tiempo, pueden provocar aumentos en los precios del petróleo y alterar las expectativas del mercado. El precio del crudo está oscilando entre 103 y 110 dólares el barril, según precios del petroleo Brent en tiempo real. Le basta con mantener un nivel constante de incertidumbre que obligue a los mercados, a las navieras y a las compañías de seguros a reaccionar con cautela. Irán no necesita derrotar a la armada estadounidense ni cerrar permanentemente el estrecho.
Tensión en el Estrecho de Ormuz: Competencia Estratégica sobre la Guerra
La tensión entre EE.UU. e Irán en el Estrecho de Ormuz demuestra que en el mundo actual, controlar corredores marítimos críticos puede tener un impacto global mayor que ganar una batalla convencional. Es una competencia estratégica donde el tiempo, la geografía y la incertidumbre económica se convierten en instrumentos de poder, y la vulnerabilidad de los nodos clave transforma las crisis regionales en problemas globales.