En la reunión convocada por Donald Trump para anunciar el nacimiento del así llamado “Escudo de las Américas”, el presidente estadounidense dio una nueva muestra de su incontenible racismo al desechar por completo la posibilidad de que aprendiera castellano —en Estados Unidos se lo llama Spanish, Español, lo cual es un error— y calificar a nuestra lengua como “maldita”. Ya en otras ocasiones Trump dio muestras del desdén que siente por nuestros países, así como de muchos otros que conforman el sur global. Lo de ellos fue un escándalo, una vergüenza. Presidentes latinoamericanos rodean a Trump. Pero se calcula que hay cerca de 500 millones de “hispanoparlantes” en el mundo, y mismo en Estados Unidos hay regiones y ciudades en donde el castellano es claramente la lengua predominante. La actitud despectiva de Trump es hija de su acendrado racismo y desaforado narcisismo. Y la Argentina tiene en su presidente al indiscutible campeón mundial en esa deshonrosa especialidad. Esta es una expresión bastante común en la habla cotidiana de Estados Unidos, pero en una reunión con 12 jefes de Estado en la cual casi todos, salvo dos, Guyana y Trinidad y Tobago, tienen al castellano como su lengua oficial, lo menos que se puede decir es que fue una expresión descortés y reveladora del profundo desprecio que el magnate neoyorquino siente por los países de Latinoamérica y el Caribe. Esta actitud nada tiene de novedosa. Si a don Vito Corleone había que besarle su mano, a Trump es necesario besarle el trasero como preludio a cualquier negociación. Fue una demostración de abyecto cipayismo, de indigna sumisión ante el insulto del matón del barrio. Quince viajes a Estados Unidos desde el inicio de su mandato es un récord inigualable que lo consagra como el “besatrasero” mayor del imperio, para desgracia de la Argentina. También de su concepción del poder y la diplomacia. Alguien tendría que haberle dicho que el castellano es una de las lenguas más bellas del planeta por la riqueza de su léxico y la musicalidad de sus palabras, que contrasta favorablemente con casi cualquier otro idioma. Pero, a diferencia de los anteriores, el castellano tiene una presencia geográfica en numerosas regiones del planeta, mientras el chino mandarín y el hindi son lenguas locales: se las habla en China e India. El castellano, en cambio, se ha expandido por toda América, tiene su sede originaria en Europa y es estudiado y hablado en numerosos países. Además, es una de las lenguas que, después del chino mandarín y el hindi, cuenta con más hablantes. En este último terreno, los analistas coinciden en que su conducta responde a una premisa central, sintetizada en esta expresión: “Kiss my ass and then we talk”, o sea, “besa mi trasero y luego hablamos”. Es cierto que en un mundo cada vez más interconectado, el inglés se convirtió en la lingua franca del imperio, producto primero de la hegemonía mundial del Reino Unido y luego de Estados Unidos, lo que hizo que, en el mundo de los negocios, la internet, la cultura, la comunicación social, la diplomacia e incluso el deporte, el inglés cuente con el mayor número de hablantes. La expresión “países de mierda” (shithole countries) ha sido utilizada en más de una ocasión para referirse a aquellos de los cuales provienen los inmigrantes que, en su paranoia, califica como “horda de invasores” compuesta por narcotraficantes, ladrones, asesinos, violadores y otros bellos atributos por el estilo.
Trump califica al idioma español como 'maldito'
En una reunión con líderes latinoamericanos, Donald Trump mostró su racismo al calificar al idioma español como 'maldito' y negarse a aprenderlo. Esta demostración de desprecio ha merecido condenación tanto en la región como en todo el mundo.